Qué es la Artrosis
La artrosis es una enfermedad crónica que afecta a las articulaciones y se caracteriza por la degradación progresiva del cartílago articular.
Además del cartílago, la artrosis afecta también a otras estructuras de la articulación, como el hueso subcondral, la membrana sinovial y los ligamentos. Estas alteraciones provocan dolor, rigidez y pérdida de función en la articulación.
Causas y factores de riesgo
La artrosis tiene un origen multifactorial, resultado de la interacción entre factores mecánicos, genéticos, metabólicos e inflamatorios.
El proceso se ve favorecido por microtraumatismos o sobrecarga mecánica en personas con predisposición genética, lo que desencadena una cascada de inflamación y daño en los tejidos de la articulación.
Principales factores de riesgo de artrosis:
- Edad: el riesgo de desarrollar artrosis aumenta con la edad.
- Antecedentes familiares: tener un padre o una madre con artrosis aumenta el riesgo de desarrollarla.
- Obesidad: es uno de los principales factores de riesgo, especialmente en articulaciones de carga como la cadera o la rodilla. Mantener un peso adecuado es clave tanto para prevenir como para tratar la artrosis.
- Lesines articulares previas: roturas de ligamentos, lesiones meniscales o fracturas que afecten a las superficies articulares aumentan el riesgo de artrosis.
- Actividad laboral: los trabajos físicamente exigentes aumentan el riesgo de artrosis, especialmente en articulaciones de carga como la rodilla y la cadera.
Dónde aparece con más frecuencia
La artrosis puede afectar a cualquier articulación sinovial, aunque es más frecuente en ciertas localizaciones:
- Rodilla (gonartrosis)
- Dedos de la mano
- Base del pulgar (rizartrosis)
- Cadera (coxartrosis)
- Columna vetebral (artrosis facetaria)
Síntomas de la artrosis
- Dolor: empeora con la actividad física y mejora con el reposo, aunque en fases avanzadas puede presentarse también en reposo.
- Rigidez articular: aparece tras periodos de inactividad, especialmente por la mañana, y suele durar menos de 30 minutos.
- Sensación de crujidos
- Limitación de la movilidad articular
- Hinchazón leve u ocasional
- Progresión lenta y variable: El dolor y la limitación funcional pueden aumentar con el tiempo, pero los síntomas no siempre empeoran y algunos pacientes se mantienen estables o incluso mejoran.
Diagnóstico
El diagnóstico de la artrosis se basa en la historia clínica y en la exploración física, valorando los síntomas típicos de la enfermedad.
Según la guía del National Institute for Health and Care Excellence (NICE), la artrosis puede diagnosticarse sin radiografía si se cumplen estos tres criterios:
- Edad superior a 45 años.
- Dolor articular relacionado con la actividad.
- Ausencia de rigidez matutina, o que esta dure menos de 30 minutos.
Radiografía en la artrosis
Aunque en muchos casos no es necesaria para el diagnóstico, la radiografía puede ser útil para valorar el grado de afectación.

Imagen compuesta a partir de obras de Hellerhoff, CC BY-SA 4.0 , vía Wikimedia Commons.
Los signos típicos de artrosis visibles en una radiografía incluyen:
- Disminución del espacio articular
- Esclerosis subcondral: aumento de la densidad ósea justo debajo del cartílago, visible como zonas más blancas en la imagen.
- Formación de osteofitos: crecimientos óseos en los márgenes de la articulación.
En la artrosis, la intensidad de los síntomas no siempre se corresponde con lo que se observa en la radiografía.
Algunas personas muestran signos de artrosis en la radiografía sin tener dolor, mientras que otras presentan síntomas importantes con imágenes casi normales.
Tratamiento de la artrosis
El tratamiento de la artrosis debe individualizarse según los síntomas y el grado de limitación funcional de cada paciente.
Se realiza de manera progresiva, comenzando por cambios en el estilo de vida, como el ejercicio y la pérdida de peso. Si no son suficientes, se añaden tratamientos farmacológicos, y la cirugía se considera cuando estas medidas no funcionan y la calidad de vida se ve afectada significativamente.
Pérdida de peso
Es una parte clave del tratamiento de la artrosis, especialmente cuando afecta a la cadera o la rodilla.
La reducción de peso disminuye la carga mecánica sobre las articulaciones, lo que se traduce en menor dolor, mejor función física y mayor movilidad.
Perder entre un 5 y un 10 % del peso corporal ya mejora el dolor y la función, y pérdidas mayores pueden aportar beneficios adicionales.
Además, perder peso potencia el efecto de otras terapias, como el ejercicio, y contribuye a mejorar la calidad de vida.
Ejercicio físico
Junto con la pérdida de peso, es uno de los pilares del tratamiento. Sus principales beneficios son:
- Mejora de la movilidad.
- Aumento de la fuerza muscular.
- Reducción del dolor.
- Contribuye a la pérdida de peso.
Es normal que al empezar a hacer ejercicio aparezca alguna molestia, pero no hay riesgo de que la articulación se dañe o se “desgaste” por moverse.
No hay un tipo de ejercicio mejor que otro. Lo importante es mantener una actividad física regular, adaptada a las capacidades y preferencias de cada persona.
Tratamiento farmacológico
Actualmente no existe ningún medicamento ni suplemento que frene la progresión de la artrosis.
Los tratamientos farmacológicos se centran en aliviar los síntomas y mejorar la función, siempre como complemento del ejercicio y la pérdida de peso.
Los fármacos más usados son los antiinflamatorios no esteroideos (AINEs), tópicos u orales, que deben emplearse en la dosis mínima eficaz y durante el menor tiempo posible, ya que pueden tener efectos secundarios.
Nunca tomes medicamentos sin prescripción médica.
Infiltraciones
Las infiltraciones consisten en inyectar un compuesto dentro de la articulación, habitualmente corticoides, ácido hialurónico o plasma rico en plaquetas (PRP).
Su objetivo es aliviar el dolor, pero su efecto, en el mejor de los casos, es transitorio y no revierte ni frena la progresión de la artrosis.
Las guías más recientes solo recomiendan la infiltración con corticoides para aliviar el dolor, teniendo en cuenta que su efecto, cuando aparece, es temporal.
Por el contrario, las mismas guías no recomiendan el uso de ácido hialurónico ni de PRP, ya que la evidencia disponible no demuestra un beneficio claro.
Cirugía
La cirugía se considera en casos de artrosis avanzada cuando el dolor y la limitación funcional no mejoran con un tratamiento conservador adecuado.
Según la articulación afectada, pueden valorarse distintas opciones quirúrgicas, siendo la artroplastia (prótesis) la más frecuente.
La decisión debe individualizarse, teniendo en cuenta la repercusión en la calidad de vida, las expectativas del paciente y la optimización de factores de riesgo, como la obesidad, antes de la intervención.
Preguntas frecuentes
Es una enfermedad crónica que afecta a las articulaciones y provoca el desgaste progresivo del cartílago, junto con cambios en otras estructuras de la articulación como el hueso subcondral o la membrana sinovial.
La artrosis tiene un origen multifactorial. Suele aparecer por la combinación de factores mecánicos (como la sobrecarga articular), predisposición genética, edad, obesidad y lesiones previas. No se debe a una sola causa.
Las más frecuentes son la rodilla, la cadera, la base del pulgar (rizartrosis), los dedos de la mano y las articulaciones de la columna (artrosis facetaria)
Dolor que empeora con el movimiento y mejora con el reposo, rigidez al levantarse por la mañana, sensación de crujidos, pérdida de movilidad y, en algunos casos, hinchazón leve.
El diagnóstico se basa en los síntomas del paciente y la exploración física. En muchos casos no es necesario hacer radiografías si los signos clínicos son claros.
El tratamiento es progresivo: comienza con ejercicio físico y pérdida de peso, puede incluir medicamentos para aliviar los síntomas y ocasionalmente infiltraciones, si no es suficiente se valora la cirugía.
👉 lee el tratamiento en detalle.
Cuando el dolor y la limitación persisten a pesar del tratamiento conservador y afectan de forma notable a la calidad de vida del paciente.
Bibliografía
- Loeser RF, Goldring SR, Scanzello CR, Goldring MB. Osteoarthritis: a disease of the joint as an organ. Arthritis Rheum. 2012 Jun;64(6):1697-707. doi: 10.1002/art.34453. Epub 2012.
- Kloppenburg M, Namane M, Cicuttini F. Osteoarthritis. Lancet. 2025 Jan 4;405(10472):71-85. doi:10.1016/S0140-6736(24)02322-5. Erratum in: Lancet. 2025.
- Canetti EFD, Schram B, Orr RM, Knapik J, Pope R. Risk factors for development of lower limb osteoarthritis in physically demanding occupations: A systematic review and meta-analysis. Appl Ergon. 2020 Jul;86:103097. doi: 10.1016/j.apergo.2020.103097. Epub 2020.
- National Institute for Health and Care Excellence (NICE).Osteoarthritis in over 16s: diagnosis and management. NICE guideline NG226. London: NICE; 2022.
- Brophy RH, Fillingham YA. AAOS Clinical Practice Guideline Summary: Management of Osteoarthritis of the Knee (Nonarthroplasty), Third Edition. J Am Acad Orthop Surg. 2022.
- Kolasinski SL, Neogi T, Hochberg MC, Oatis C, Guyatt G, Block J, et al. 2019 American College of Rheumatology/Arthritis Foundation Guideline for the Management of Osteoarthritis of the Hand, Hip, and Knee. Arthritis Rheumatol. 2020;72(2):220-33.
- Bennell KL, Paterson KL, Metcalf BR, Duong V, Eyles J, Kasza J, Wang Y, Cicuttini F, Buchbinder R, Forbes A, Harris A, Yu SP, Connell D, Linklater J, Wang BH, Oo WM, Hunter DJ. Effect of Intra-articular Platelet-Rich Plasma vs Placebo Injection on Pain and Medial Tibial Cartilage Volume in Patients With Knee Osteoarthritis: The RESTORE Randomized Clinical Trial. JAMA. 2021 Nov 23;326(20):2021-2030.