¿Qué es la artrosis de rodilla?
La artrosis de rodilla o gonartrosis, es una enfermedad degenerativa que produce un desgaste progresivo del cartílago articular, el tejido que recubre la superficie de las articulaciones.
La artrosis es más frecuente con la edad, especialmente en mujeres y en personas con factores de riesgo como la obesidad, el trabajo físicamente exigente o las lesiones previas de rodilla (roturas de ligamentos,lesiones meniscales o fracturas).

Síntomas de artrosis de rodilla
Los síntomas principales de la artrosis de rodilla son el dolor, rigidez y la limitación de la movilidad.
El dolor suele aparecer con la actividad física y mejora con el reposo, aunque en fases más avanzadas puede presentarse también en reposo.
La rigidez es otro síntoma frecuente; suele aparecer por la mañana o tras periodos de inactividad, dura menos de 30 minutos y mejora al empezar a mover la rodilla.
En fases más avanzadas puede aparecer limitación de la movilidad, con dificultad para flexionar o extender completamente la rodilla.
También pueden aparecer otros síntomas como crujidos en la rodilla, derrame articular, sensación de fallo al cargar peso o deformidad y arqueamiento de las piernas.
Diagnóstico
El diagnóstico de la artrosis de rodilla es clínico y se basa en la historia clínica y la exploración física de la rodilla.
La exploración puede mostrar dolor a la palpación o movilización, crujidos, disminución de la movilidad, derrame articular o deformidad en fases avanzadas.
El diagnóstico puede realizarse sin necesidad de radiografías si se cumplen los siguientes criterios:
- Edad superior a 45 años.
- Dolor articular relacionado con la actividad.
- Ausencia de rigidez matutina, o que esta dure menos de 30 minutos.
Radiografia en artrosis de rodilla
La radiografía no es imprescindible para el diagnóstico en todos los casos, pero es útil para valorar el grado de afectación.
En la radiografía pueden observarse signos característicos como la disminución del espacio articular, el sobrecrecimiento óseo (osteofitos marginales) y la esclerosis subcondral.


Tratamiento de la artrosis de rodilla
El objetivo del tratamiento de la artrosis de rodilla es aliviar el dolor y mejorar la función de la rodilla.
El tratamiento es escalonado y comienza con cambios en el estilo de vida, como el ejercicio y la pérdida de peso.
Si estas medidas no son suficientes, se añaden tratamientos farmacológicos, la cirugía se reserva para los casos en los que la calidad de vida se ve afectada de forma significativa.
Por tanto, el tratamiento debe adaptarse a cada paciente, según el dolor, la limitación funcional y sus circunstancias personales. La valoración por un traumatólogo de rodilla puede ayudar a orientar las opciones más adecuadas.
Tratamiento no quirúrgico
Es la base del tratamiento y siempre se debe comenzar por estas medidas antes de plantear una intervención quirúrgica.
Pérdida de peso
Está indicado en personas con obesidad o sobrepeso, ya que la pérdida de peso reduce la carga mecánica sobre la rodilla.
Perder entre un 5 y un 10 % del peso corporal mejora el dolor y la función, pérdidas mayores pueden aportar beneficios adicionales.
Ejercicio físico
Es un pilar fundamental del tratamiento, junto con la pérdida de peso. Sus principales beneficios son:
- Reducción del dolor.
- Mejora de la movilidad.
- Aumento de la fuerza muscular.
- Contribución a la pérdida de peso.
Entre los ejercicios recomendados para la artrosis de rodilla se incluyen el ejercicio aeróbico, como la bicicleta o la natación, el fortalecimiento muscular y los ejercicios deflexibilidad.
El ejercicio debe individualizarse según las capacidades y preferencias de cada persona.
Medicamentos
Se emplean como complemento del ejercicio y la pérdida de peso.
La primera opción suelen ser los antiinflamatorios no esteroideos (AINEs), o el paracetamol cuando los AINEs no están indicados.
Ningún suplemento alimenticio, como el colágeno, la glucosamina o el sulfato de condroitina, ha demostrado frenar o revertir la artrosis, por lo que su uso es controvertido.
Infiltraciones de rodilla
Las infiltraciones articulares consisten en inyectar un medicamento dentro de la articulación de la rodilla.
Su objetivo es aliviar el dolor, pero su efecto es transitorio y no frena ni revierte la progresión de la artrosis.
- Corticoides: tienen un efecto antiinflamatorio y pueden disminuir el dolor de forma transitoria.
- Ácido hialurónico: forma parte del líquido sinovial, que actúa como lubricante de la rodilla, su infiltración busca mejorar su viscosidad y disminuir el dolor.
- Plasma rico en plaquetas (PRP): se obtiene de la sangre del propio paciente y se centrifuga para concentrar las plaquetas, que liberan factores de crecimiento y otros mediadores biológicos relacionados con la reparación de los tejidos y la modulación de la inflamación.
Las infiltraciones con corticoides pueden utilizarse para aliviar temporalmente el dolor en la artrosis de rodilla.
El ácido hialurónico y el PRP no se recomiendan de forma rutinaria para todos los pacientes. Su posible indicación debe valorarse de manera individual, teniendo en cuenta las características de cada caso.
Tratamiento quirúrgico
Cuando el dolor y la limitación funcional afectan de forma significativa a la calidad de vida y no mejoran con el tratamiento conservador, puede plantearse el tratamiento quirúrgico
La cirugía consiste habitualmente en la colocación de una prótesis de rodilla, aunque existen otras opciones, como la osteotomía, que puede considerarse en pacientes jóvenes con artrosis limitada y alteraciones en la alineación de la pierna.
La decisión debe individualizarse, teniendo en cuenta la repercusión en la calidad de vida, las expectativas del paciente y la optimización de factores de riesgo, como la obesidad, antes de la intervención.

Preguntas frecuentes
La artrosis de rodilla es una enfermedad degenerativa que provoca el desgaste progresivo del cartílago de la articulación.
Los síntomas más habituales son dolor con la actividad, rigidez de corta duración y, en fases más avanzadas, limitación del movimiento.
El diagnóstico se basa principalmente en la historia clínica y la exploración física, y la radiografía puede utilizarse para valorar el grado de afectación.
El tratamiento es progresivo y comienza con ejercicio y control del peso, según la evolución de los síntomas, pueden añadirse otros tratamientos como fármacos, infiltraciones o cirugía.
Mantenerse activo es una parte fundamental del tratamiento y andar es un ejercicio adecuado para muchas personas con artrosis de rodilla, si aparece dolor al caminar, se recomienda descansar hasta que este ceda.
Se recomiendan ejercicios para la artrosis de rodilla de tipo aeróbico de bajo impacto, fortalecimiento muscular y ejercicios de movilidad, ajustados a cada paciente, como caminar, nadar o montar en bicicleta.
Actualmente la artrosis de rodilla no tiene cura, pero existen tratamientos eficaces para aliviar el dolor y mejorar la función y la calidad de vida.
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